
Amelie von Wulffen
Tenemos la tendencia humana de querer controlar aquella situación, emoción y sentimiento que se presenta sin necesariamente entender el porque sucede. Analizamos y desglosamos cada momento en diminutos compartimientos que al final crean un mosaico de posibilidades de las cuales elegimos sólo aquellas a las que sentimos cierta pertenencia. En si, es como querer ser el autor de una obra maestra que solo es considerada arte gracias a sus imperfecciones y que al omitir aquellos momentos indeseables se convierte en una obra simplemente básica, predecible, sin emoción genuina. Se convierte en el producto de nuestros deseos e imaginación.
Si en realidad dejáramos que cada momento tomara su rumbo sin interrupción alguna por parte de nuestras expectativas, creo yo, que seriamos seres más plenos ya que nuestra satisfacción y aprendizaje se basaría en la plena realidad de las circunstancias. No es decir que dejamos que el destino tome control sino que estaríamos disfrutando del dolor, la pasión, espontaneidad de lo que es VIVIR. Dejarse ser vulnerable, dejar de aparentar lo que no es, dejar de predecir lo que sucederá, dejarse llevar por la intensidad inombrable de la vida.
La satisfacción inmediata del pensar que tenemos el control es una falacia intencional. Pero aún así vivimos dia a dia intentando manipular los sucesos sin poder convencernos de lo opuesto.

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